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“CUALQUIER COSTO ES POCO PARA LOGRAR LA PAZ”

Jueves, 16 de Noviembre, 2017

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El nuevo arzobispo de la Arquidiócesis de Barranquilla habló sobre sus lineamientos en la Iglesia y la relación que guarda con la ciudad. 

Desde que el Vaticano hizo el anuncio oficial de que el papa Francisco lo había nombrado como nuevo arzobispo de la Arquidiócesis de Barranquilla, monseñor Pedro Emiro Salas Anteliz no ha tenido descanso. “Han sido unas 24 horas muy frenéticas. Muchas llamadas, reuniones para organizar cosas. Comienza uno a darse cuenta de que ya es una realidad”.

Aún no ha llegado a Barranquilla, pero desde ya monseñor Jairo Jaramillo Monsalve –arzobispo saliente– y monseñor Víctor Tamayo, en conjunto con un equipo delegado por la Arquidiócesis para la organización del recibimiento del nuevo arzobispo, trabajan en la logística de su arribo a la ciudad, que sucederá antes del 9 de diciembre, día en que se posesionará en la catedral María Reina.

En diálogo con EL HERALDO, el nuevo arzobispo de Barranquilla, el primer costeño que el Vaticano nombra para la ciudad, habla respecto de este nombramiento y sus lineamientos en la Iglesia católica. 

P.¿Cómo toma este nombramiento del papa Francisco?

R.

Lo tomo con mucha humildad. Es un voto de confianza del santo padre hacia mí, es una designación que no es merecida, como todo lo que viene de Dios no lo merecemos, pero Dios nos las concede.

P.¿Qué significa asumir como nuevo arzobispo de Barranquilla?

R.

Es una gran responsabilidad que yo, con la gracia de Dios y contando con los sacerdotes y las fuerzas vivas de la Iglesia, he decidido asumir. Tengo la plena confianza de que el Señor no me dejará de acompañar en este camino junto a los fieles.

P.¿Cuáles son sus lineamientos respecto a su papel como pastor de la Iglesia?

R.

Pienso que nosotros los obispos tenemos una gran responsabilidad  en el momento que nos ha tocado vivir la Iglesia. Tengo diez años de ordenado obispo y me ha tocado seguir las posiciones de Benedicto XI, que fue quien me nombró, y estos últimos años del papa Francisco. Nos están pidiendo que realicemos la misión encomendada con toda la seriedad, tratando de mostrar y de vivir con los fieles, que se han confiado del ejemplo de Jesucristo, que los acompaña, que camina asumiendo las particularidades de cada historia. Una Iglesia cercana, con rostro materno.

P.¿Para usted qué significa Barranquilla, cuál es su vínculo con la ciudad?

R.

Barranquilla es la Puerta de Oro de Colombia. Todos los departamentos vecinos al Atlántico tenemos algo que ver con la ciudad. Las personas de Valledupar tenemos a Barranquilla como la gran ciudad, el tema de la medicina, el tema del Junior, del comercio. Allá (Barranquilla) vive una hermana mía hace muchos años con su familia, allá tengo amigos de infancia, de juventud. En la época en que yo era un adolescente teníamos vínculos pastorales con la ciudad porque venían otros jóvenes como yo a hacer trabajo pastoral con la Legión de María.

P.Mencionó al Junior, ¿es hincha del fútbol?

R.

Claro que sí. Yo jugué mucho tiempo fútbol, me gusta, me encanta. Soy muy aficionado al equipo.

P.Siendo de Valledupar, ¿le gusta el género musical que los representa?

R.

Desde luego me gusta el vallenato. En mis raíces está. Mi familia es de La Guajira, Urumita, La Junta. Tengo familiaridad con los hermanos Zuleta, por el lado de los Salas de la ‘vieja Sara’. Hace parte mi herencia.

P.¿En su arzobispado piensa continuar con programas como la Catedratón o el proyecto de la Universidad Católica del Caribe?

R.

Le aprendí al obispo actual de Valledupar que donde uno llega va a sumar y no a restar, y eso es lo que hace que las diócesis no retrocedan, sino que avancen en las cosas buenas. Yo no tengo espejo retrovisor, llegaré a conocer, a mirar todo lo que convenga para el crecimiento de la diócesis y de los fieles, fortaleciendo las cosas que encontremos y redimensionando las que haya que redimensionar.

P.Usted ha hecho varios pronunciamientos respecto a las Farc y a las críticas sobre la venida del papa Francisco…

R.

Soy un hombre de condiciones, supremamente dialogante, que no vive de ambigüedades. Pienso que mis afirmaciones en su momento fueron malinterpretadas. Nosotros los colombianos tenemos que dejar de ser emocionales, porque respondemos más por la emoción que por la reflexión. Todos los colombianos le apostamos a la paz, queremos la paz y por querer esa paz, por supuesto que queremos darle todas las oportunidades y beneficios a los grupos como las Farc y a todos los otros grupos. Con tal de que sea posible no importa que tengamos que hacer las leyes como las estamos haciendo, en orden de que puedan vincularse y vivir con los derechos que tiene un ciudadano de bien. En esa misma perspectiva, tenemos que aceptar que con esa misma lectura tenemos que leer la venida del Papa, que fue con ese propósito, el de traer la paz. No debemos detenernos en apreciaciones ligeras sobre los costos, porque cuando se trata de evaluar, cualquier costo resulta poco con tal de tener la paz que necesitamos los colombianos.

P.La corrupción parece ser ahora la gran plaga…

R.

Ese es el peor flagelo que tiene el país y es el que debemos combatir. Ha hecho más daño en el país que cualquier otra cosa. Es el gran desafío que tenemos los colombianos y que tiene que resolver el Gobierno de hoy y el del futuro. Mientras no tengamos honestidad, transparencia, mientras la política consista en beneficios personales y no en el bien común, vamos a seguir teniendo los vacíos y las inconsistencias que hasta ahora seguimos padeciendo.

Fuente: Diario El Heraldo


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