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¿Y Tú, Vas Al Carnaval?

Viernes, 21 de Febrero, 2014

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Una reflexión fraterna de cómo vivirlo y cómo gozarlo

Los carnavales son ¡satánicos!, ¡son obras del demonio!, quienes allí participan están ¡condenados!,! son expresión de la cultura de un pueblo!.

Estas expresiones a favor y en contra del carnaval las hemos escuchado más de una vez; pero, ¿Quién tiene la razón? ¿Está mal participar? Y la pregunta del millón ¿Debe un cristiano alejarse totalmente de ellos? ¿Se debe condenar y satanizar a todo aquel que en ellos participen?

Este debate es duro, más cuando lastimosamente este espacio del carnaval se promociona como un espacio de algarabía y derroche en todos los sentidos, pero también, sin lugar a dudas es un espacio de creatividad, de alegría, de cultura y de rescate de las tradiciones. No quiero en este artículo escribir o incitar a quienes me estén leyendo a participar o no de los carnavales, pero si quisiera hacer una pequeña reflexión acerca de ello.

Me causa admiración quienes en los días previos, como en los carnavales mismos, dan rienda suelta a la creatividad a través de los distintos disfraces, carrozas y coreografías que son una hermosa muestra del ingenio humano; como también respeto a quienes prefieren irse de la ciudad de paseo o de retiros espirituales, en ninguno de dichas acciones veo nada de malo, cosa contraria a quienes lastimosamente caen en el desenfreno y la irresponsabilidad.

Quisiera recordar al cristiano que participe de dichas fiestas, las palabras que nos dice el Señor en el Evangelio de Mateo: Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se ha vuelto insípida, ¿con qué se hará salada otra vez? Ya para nada sirve, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar; ni se enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.(Mt 5, 13-16).

Es cierto que dentro del carnaval existen realidades de oscuridad, como también de inmensas luces, como el trigo y la cizaña descrito en la parábola del Evangelio (Mt 13, 24-30); pero ¿para qué se hizo la luz?, sino para que alumbrara la oscuridad, entonces como luz del mundo, el cristiano que participe de dichas festividades debe demostrar cómo se vive y se goza el carnaval de la mejor manera posible, disfrutando de sus bondades y evitando todo desenfreno y escándalo, el Evangelio nos enseña que no se enciende una lámpara para esconderla, sino se pone en lo alto para que alumbre a todos (Lc 11, 33). Así que demos muestra de cómo se vive y se goza un carnaval, sin caer en los desenfrenos, derroche y excesos con los vicios de alcohol, sexo y droga y más aun con las irresponsabilidades económicas. En conclusión seamos sal y luz, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.


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