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Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá en Barranquilla

Lunes, 9 de Julio, 2018

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Entre la devoción a la Patrona de Colombia y la misión de los padres Claretianos se encuentra esta comunidad que marca el paisaje de la Avenida Murillo.

 “Los padres Claretianos desde su llegada en la década de los 20 han realizado de forma exhaustiva un trabajo permanente con toda la comunidad, el 1 de mayo de 1926, los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María o mejor conocidos como Claretianos, se hicieron cargo de la nueva parroquia cuya circunscripción”

El próximo año se cumplirán 100 años de la Coronación Canónica de nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá y 190 años de ser proclamada Patrona de Colombia, en Barranquilla la Reina de la Nación tiene un lugar importante, con un templo consagrado a su nombre en una de las vías principales y que nos recuerda el crecimiento exponencial que ha tenido la Puerta de Oro.

"Este lunes 9 de julio de 2018, la Procesión por los alrededores de la Parroquia (Calle 45 #30—62- barrio Chiquinquirá) será a las 5:30 p.m. y la Eucaristía Solemne Presidida por Monseñor Pablo Salas, Arzobispo de Barranquilla 7:00 p.m."

En 1925, fecha de creación de la parroquia, Barranquilla aun hacía parte de la Arquidiócesis de Cartagena, cuyo obispo era monseñor Pedro Adán Brioschi y Vicario General monseñor Carlos Valiente, en ese entonces la ciudad ya había crecido más allá de sus barrios tradicionales, en 1919 el norteamericano Karl C. Parrish había comenzado la construcción del barrio El Prado y la población seguía necesitando espacios dedicados al culto y la fe, fue así como surgió la cuarta parroquia de la ciudad, en ese entonces solo se contaba con los templos dedicados a San Nicolás de Tolentino, patrono de la ciudad, San Roque y Nuestra Señora del Rosario.

No menos de un año después, el 1 de mayo de 1926, los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María o mejor conocidos como Claretianos, se hicieron cargo de la nueva parroquia cuya circunscripción, según aparece en los documentos que reposan en la parroquia, llegaba hasta la población de Juan Mina.

En sus comienzos la parroquia no tenía un templo sino que se había dispuesto una capilla para la administración de los sacramentos, no es sino hasta 1945 cuando el padre José Miró comenzó la construcción de un amplio templo que respondía a las necesidades de la creciente feligresía. Así el 15 de julio de ese año monseñor Julio Caicedo y Téllez bendijo la primera piedra del templo en construcción a cargo de un hermano de la comunidad claretiana, Vicente Galicia, quien contaba en su momento con $3.760,87 para hacer realidad el sueño de la comunidad, un proyecto que constaba de un espacio amplio de 75 metros de largo por 22 metros de ancho, con una cúpula de 36 metros y dos torres que se levantan a 50 metros en donde se colocaron tres campanas españolas y un reloj alemán, los cuales aún se conservan.

Más allá de la estructura, la vida de la comunidad manifiesta la fe del pueblo creyente, así toma vida las palabras de San Juan Pablo II, Papa, que en su exhortación apostólica, Los Fieles Laicos, nos recuerda que “la parroquia no es principalmente una estructura, un territorio, un edificio; ella es la familia de Dios, como una fraternidad animada por el Espíritu de unidad” esa misma unidad con la que fueron recogidos los fondos para la creación de tan imponente edificación que propicia la oración comunitaria pero también es la unidad con la que trabajan en unión para proclamar el Evangelio por medio de palabras y obras.

Los padres Claretianos desde su llegada en la década de los 20 han realizado de forma exhaustiva un trabajo permanente con toda la comunidad, el presbítero Roberto Rodríguez, párroco actual, resalta el trabajo que se viene realizando con los fieles.

La parroquia tiene 9 sectores con 3 células pastorales donde todos los meses se realiza una versión de “Parroquia a la calle” donde se invita al sector de turno, casa por casa, a vivir de la celebración eucarística, pero también está la labor que tienen al visitar a los enfermos del sector y el debido acompañamiento a sus familiares, pero más allá de los límites de este templo con estilos neoclásicos se encuentra el trabajo en el barrio La Cordialidad, que desde 1989 con los seglares claretianos vienen trabajando.

El padre Rodríguez resalta en particular la labor de la señora Edilma Osorno, quien trasladó su residencia para poder seguir brindando un mejor servicio en este trabajo que tiene la comunidad donde realizan una labor social variada con niños, jóvenes y madres cabeza de familia, así un grupo base recibe el apoyo de los laicos comprometidos que se congregan bajo la imagen de nuestra Señora de Chiquinquirá.

La historia de esta comunidad, la cual ya cumplió 90 años de haber sido erigida parroquia, es una oportunidad para comprender las palabras del Concilio Vaticano II en su decreto sobre el Apostolado de los Laicos, el cual manifiesta en su numeral 10 que:

“La parroquia ofrece un modelo clarísimo de apostolado comunitario, porque unifica todas las diversidades humanas que en ella se encuentran y las inserta en la Iglesia universal. Acostúmbrese los laicos a trabajar en la parroquia íntimamente unidos con sus sacerdotes; a presentar a la comunidad de la Iglesia los problemas propios y del mundo, los asuntos que se refiere a la salvación de los hombres…”

Así la vida de fe que se experimenta en esta parroquia creada antes del Concilio vivifica el espíritu de éste, es un espacio donde los laicos han aprendido y deben seguir renovando ese compromiso de trabajar de la mano con los sacerdotes, en este caso la comunidad claretiana, así como lo hicieron un día para construir un templo, así como lo hacen para la vida comunitaria por medio de las diversas actividades como Parroquia a la Calle o el trabajo que se realiza con tanto entusiasmo en el barrio La Cordialidad, dejando a un lado las diferencias que pueden surgir al exponer su punto de vista y tener siempre como centro de su trabajo a Cristo y el amor fraterno a los hermanos.

Por último el padre Roberto Rodríguez comenta que desde el año pasado iniciaron los procesos de restauración que amerita tan importante obra arquitectónica de la ciudad, para seguir brindando un espacio propicio para la oración comunitaria, tal vez este espacio de tiempo que se abre entre los 100 años de la coronación de nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá y los 200 de haber sido proclamada Patrona de Colombia, sea el momento oportuno para reafirmar el compromiso con el trabajo apostólico que se realiza y el momento oportuno para restaurar esta joya histórica.

A quienes deseen apoyar con alguna ofrenda económica para la restauración de este templo, lo pueden hacer a través de la cuenta de ahorros Bancolombia No. 40107381611.

Por: ANDRÉS LIÑÁN, Voluntario Periódico Kairós, [email protected] 


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