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PALABRAS DE MONSEÑOR PABLO SALAS ANTELIZ EN LA CELEBRACIÓN DE ENTREGA DEL PALIO ARZOBISPAL JULIO 28 DE 2018

Sábado, 28 de Julio, 2018

Dsc-0311

Excelentísimo Señor Nuncio de su Santidad, Monseñor Ettore Balestrero, muy queridos hermanos, en el episcopado, muy queridos sacerdotes, religiosos y religiosas, amados seminaristas, autoridades civiles, militares y de Policía, queridísimos fieles de la Arquidiócesis de Barranquilla:

Ante todo Señor Nuncio, mucha gracias  por venir hoy a nuestra querida ciudad de Barranquilla, a imponerme, en conformidad con el querer del Santo Padre Francisco, el Palio Arzobispal. Bien sabemos de sus premuras, en razón de su reciente traslado, más sin embargo, antes de irse, ha querido realizar este gesto de profunda significación y comunión eclesial.

En efecto, por primera vez, los fieles  de nuestra Arquidiócesis han podido vivir y observar este rito que estrecha y hace visible la Comunión con el Santo Padre y a su vez, los vínculos de cercanía y Caridad del Obispo Metropolitano con sus demás hermanos Obispos de la Provincia Eclesiástica. Esta es la fuerza de la Comunión que brota de la misma tumba de Pedro, como hermosamente, lo hemos escuchado en esta Asamblea: “Te entregamos el Palio tomado del sepulcro del bienaventurado Pedro, para que lo lleves dentro de los confines de tu Provincia Eclesiástica”.

Pido al señor, su Gracia, su Espíritu, para que como Arzobispo, no venga a menos en las exigencias de lo que este Palio significa como símbolo de unidad y señal de Comunión. Y como la suerte de los pastores está profundamente unida a la suerte de su rebaño, que sea el mismo Señor, por los méritos de su Santísima Madre, quien me permita, junto con las ovejas a mi confiadas, recibir cuando sea su voluntad, el premio de la inmortalidad y de la Gloria.

Señor Nuncio, nuevamente muchas gracias por querer venir e imponerme este Palio antes de su partida. Dios le pague. Pero ante todo, muchas gracias por dedicarnos 5 años de su hermosa vida y de su fecundo servicio a la Iglesia Universal, aquí en Colombia. Muchas gracias por su presencia alegre, jovial, esperanzada y fresca de la Iglesia del Papa Francisco. Gracias por su apoyo y cercanía. Todos los Obispos y fieles, así lo hemos sentido y de esta manera lo vamos a extrañar.

No tenemos dudas que en el Congo lo hará muy bien, no sólo por sus capacidades sino también por su obediencia, porque en el querer del Santo Padre, comprendemos muy bien, que es allí, donde la Iglesia hoy lo necesita. Que la Virgen santísima lo acompañe y haga fecunda su Misión en el Congo.

Finalmente, muchas gracias a mis hermanos Arzobispos y Obispos que me han acompañado en esta celebración, cuanto valoro y aprecio este signo de Comunión de cada uno de ustedes. Muchas gracias al Seminario, a mis sacerdotes y demás sacerdotes acompañantes, infinitas gracias a la vida Consagrada por su presencia  y a ustedes queridos files, que tan vivamente han participado de esta celebración. Gracias a las autoridades presentes, al coro y demás hermanos que han contribuido en la organización de este día. Que el señor les multiplique y les colme de todas sus bendiciones. Gracias, muchas gracias.


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