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Entrevista concedida por el Padre Luis Enrique Tamayo al celebrar sus 50 años de vida sacerdotal

Domingo, 30 de Marzo, 2014

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Hombre sencillo, sabio y prudente, que siempre ha vivido modestamente entregado por completo a su misión sacerdotal. Un hombre que sufre cuando la gente tiene necesidades y tal vez los únicos problemas personales que ha tenido en su vida, han sido por acompañar a sus feligreses en protestas por falta de agua, como le ocurrió cuando fue párroco de Sabana Larga. 

Un sacerdote que a sus setenta y tres años continúa al frente de una parroquia. Celebra misa diariamente, visita los enfermos, atiende despacho parroquial, comparte un almuerzo los días sábados con personas muy pobres de la calle que merodean por su parroquia, y es capellán del colegio San Miguel del Rosario.

Al llegar a sus cincuenta años de vida Sacerdotal, hemos querido contar una mínima parte de su abnegada y fructífera vida. La entrevista la realizamos en los conventuales patios aromatizados por la fragancia y frescura de un jardín muy bien cuidado, con una fuente de agua fresca y cristalina y un olor a convento, pues se trata de los interiores de la casa parroquial de Nuestra Señora del Rosario que en otro tiempo ciertamente fue el convento de los Capuchinos.

Empecemos por su origen, su niñez, su familia: Nació en un bello pueblito de las montañas del oriente antioqueño llamado Granada cuya particularidad especial es que sus gentes son muy honradas, trabajadoras y de un profundo sentido religioso, rezan el rosario diariamente, asisten a misa los domingos y fiestas de guardar y su mayor ilusión es que de cada hogar salga un hijo sacerdote y si es mujer que sea religiosa. 

 Así también eran los padres del entonces niño Luis Enrique quien posee una mezcla entre valluno y  antioqueño ya que su familia estando El muy pequeño, emigra   a un pueblo del Valle del Cauca llamado Argelia, aunque fue poco lo que le toco vivir en el Valle, ya que por esos designios de Dios debe regresar a su pueblo natal para estudiar el Bachillerato, vivió  con sus abuelos, pero de un momento a otro el Párroco del pueblo un padre de apellido Montoya, lo llamó con urgencia para decirle que en Barranquilla Monseñor Caicedo necesitaba seminaristas y que el tenía una beca para obsequiarle. Ni corto ni perezoso acepto de inmediato pues en su mente 
Siempre estaba la Idea de ser sacerdote. 

Llegó a Barranquilla,  el seminario para la formación de sacerdotes apenas se iniciaba en la calle setenta y seis con la cuarenta y tres y comenzó sus estudios por cierto con mucho sacrificio pues estaba en una cultura extraña, sin familia y con muchas limitaciones económicas, pero su vocación podía más que cualquier inconveniente de orden material y siguió adelante hasta llegar un treinta de octubre de 1955 a recibir su ordenación sacerdotal. 

Recorrido de su ministerio sacerdotal:

Se inicia como Vicario Cooperador de la Iglesia de la Inmaculada, luego es nombrado Párroco de Repelón municipio que recorrió con todas sus veredas en bicicleta, en burro y en carros en donde los campesinos cargaban los tomates.  Después de tan linda experiencia, es enviado a la parroquia de San Clemente Romano, fue otra experiencia  muy bonita que llenaba plenamente su vocación de Sacerdote. 

Por designios de Dios el Señor  Obispo resolvió que debía marcharse para Roma con el fin de estudiar en la Universidad lateranense pastoral y liturgia, fueron dos años en ésta Universiad y luego pasó a Bélgica para continuar sus estudios en el monasterio de los benedictinos. Una vez terminados y aprobados éstos estudios, regresa a Barranquilla, era el año 1967 y en octubre fue nombrado párroco de Sabana Larga en donde sucedía al hoy Arzobispo de Cartagena Monseñor Ruiseco, sobre su ministerio en Sabana Larga, Monseñor Luis Enrique Tamayo nos dice lo siguiente. 

Fue un ministerio muy largo estuve cerca de veinte ocho años, ya me consideraba de esa bella población, conocí mucha gente compartí con ellos momentos alegres y de tristeza, Allí  celebré mis bodas de plata sacerdotales, fue todo un acontecimiento en donde me sentí rodeado de toda esa bella gente de Sabana Larga y recibí de parte del Santo Padre, el titulo de monseñor, titulo que llevo con mucha humildad y que conservo siempre como una gracia de Dios. Luego de esos inolvidables veintiocho años de Sabana Larga me trasladan a la parroquia de San Juan Bautista el Precursor del Barrio el Silenció y en el año dos mil fui nombrado párroco de la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, donde ejerzo mi ministerio hasta la fecha.
¿Cuáles han sido los momentos de mayor felicidad durante estos cincuenta años de sacerdocio?

Indudablemente el día de mi ordenación, pero en general como al principió le dije no tuve dudas sobre mi inclinación al sacerdocio y siempre he sentido el acompañamiento del Señor, de tal manera que al mirar a la altura de mis cincuenta años toda mi vida sacerdotal, solo tengo motivos de agradecimiento para el Señor por que el ha estado a mi lado en todos los momentos de mi vida. De pronto también podría decir que un momento de mucha alegría fue lo que antes mencione en ésta entrevista, la celebración de los veinticinco años de sacerdocio por el afecto de mis feligreses y amigos, por la benevolencia del Papa y por la presencia de mis padres , mis hermanos y mis sobrinos.

Todos los seres humanos tenemos momentos de mucha tristeza,¿Cuál podría calificar Usted como su momento más triste?


Hablando en el plano personal, ese momento triste fue la muerte de mis padres, ellos murieron en Cali, primero fue mi mama y a los cinco años murió mi papa, son momentos muy tristes para cualquier ser humano precisamente por eso por lo humanos. Pero otros momentos de tristeza fueron al ver las grandes necesidades por falta de agua potable que tenían mis feligreses de Sabana Larga, eso era toda una tragedia a mi me partía el alma y me sentía impotente para ayudar hasta el punto que participe en varias marchas y apoyé el justo reclamo de éstas gentes que se morían de sed, por supuesto que esto me causo problemas de toda índole. 

La experiencia, la santidad y la sabiduría de un sacerdote que cumple cincuenta años de ministerio, le dan plena autoridad para aconsejar, orientar y guiar a los nuevos sacerdotes que apenas comienzan: ¿qué consejo o que mensaje daría hoy Mons. Luis Enrique Tamayo a los seminaristas y sacerdotes que apenas comienzan?

Es animarlos a seguir adelante a no temer lanzar las redes, remar mar adentro, seguir trabajando por el reino de Dios en medio de tantas dificultades que tiene el mundo, dificultades que no son de hoy, sino que son de siempre, entonces el Señor siempre nos dará la gracia para salir adelante y por consiguiente vencer las dificultades que se puedan presentar en la vida sacerdotal y ministerial, que sean humildes ya que la humildad es el fundamento de todas las virtudes y siendo humildes sabemos lo que somos y lo que podemos y sobre todo nos lleva a obedecer ya que sacerdote que no obedece, no es humilde, todos debemos reconocer que cada uno tiene su puesto y por lo tanto debemos obedecer a nuestros legítimos superiores y acatarlos así ellos como humanos alguna ves se equivoquen, nosotros obedeciendo, estamos haciendo la voluntad del Señor.  


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