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¡Tips para festejar los 201 años de ‘Curramba, la bella’!

Lunes, 7 de Abril, 2014

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A propósito del cumpleaños de Barranquilla, una mirada reflexiva

Por estos días el calendario nos regala un nuevo 7 de Abril. Con seguridad veremos banderas en ventanas, actos cívicos en colegios, discursos repetidos y recitados por caras distintas con intenciones iguales, separatas en medios con las mismas fotos históricas del año pasado mezcladas con las obras que supuestamente  nos preparan para el futuro y; como no, un concierto en homenaje a la ciudad que volverá a dañar la gramilla del Romelio Martínez. Las “avenidas de la dispersión”  a las que hacía referencia Ramón Vinyes hace más de medio siglo volverán a llenarse de paseantes que recitarán lo de celebrar la declaratoria de Villa sin saber muy bien lo que eso significó o significa. En esas nos movemos arropados por el placebo que representa el creernos mejor vividero del mundo.

Pero el tema no puede quedarse en la mirada cáustica o en la mera crítica. Este intento de ciudad que nos duele a todos y le endosamos a pocos requiere con urgencia que se le piense y viva de manera distinta; pensar y vivir que no pasa tanto por las urnas como por un cambio de actitud y compromiso ante la participación ciudadana.

Participar que, y en la misma línea, no debe entenderse como únicamente ligada a determinados espacios estandarizados de consulta, socialización y apropiación de conceptos o proyectos emanados del poder local. Cierto es que ese es un camino, pero la propuesta es recorrer paralela y simultáneamente otro basado en el valor de los pequeños detalles, de los gestos y las historias mínimas que podemos ayudar a construir en nuestro devenir cotidiano. Por ejemplo: Salir más temprano, tomar otra ruta, compartir el vehículo  o confiar más en el transporte público; todo con una dosis extra de paciencia, son algunos de los detalles que como ciudadanos podemos aportar para ayudar a sobrellevar el álgido tema de la movilidad.

 Y podemos seguir : Respetar la fila, saludar al llegar y despedirse al salir, parquear donde se debe y no donde se quiere, caminar un poco más… En el enorme valor que acumulan esos pequeños detalles se está tomando partido, y tomar partido es participar. Con toda seguridad, estos pequeños detalles repetidos muchas veces nos harán un poco más felices. Si no alcanza para hacernos de verdad el mejor vividero, por lo menos que la búsqueda sea placentera.

En medio entonces de la fiesta repetida y la mirada estereotipada, vamos a proponerle a la ciudad una relación distinta. A ver si matizamos la queja y nos empezamos a comprometer desde los detalles. Y desde allí, poco a poco, pasar a hurgar en la historia para escribir nuestras propias líneas. Recuperar ese derecho pasa por aceptar nuestro deber. Entonces si será un cumpleaños feliz.

Por: Alfredo Sabbagh Fajardo


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