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¿Por qué no le debo decir Monumento?

Jueves, 17 de Abril, 2014

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Al finalizar la Eucaristía Vespertina de la Cena del Señor en los templos de todo el mundo el sacerdote llevará en procesión a Jesús Eucaristía a un altar dispuesto para su adoración. La religiosidad popular nos ha enseñado a llamar “monumentos” a estos altares de fe y a visitarlos a manera de turismo para admirar su belleza, detalles, innovaciones y hacer comparaciones entre ellos; desviando así la mirada del centro de esta noche: La oración y adoración a Jesús que se hace preso en amor por nosotros.

La celebración del día de hoy encuentra su centro en tres grandes obsequios que Jesús nos entrega en la Última Cena: El mandato del amor, la institución del orden sacerdotal y la Eucaristía, siendo esta última la presencia viva y verdadera del maestro en medio de nosotros en las especies del Pan y Vino.

Monumento es una palabra que procede del latín "Monumentum" que a su vez está formado por "monere" que significa recordar y de "mentum" que significa instrumento. La celebración pascual no es un recuerdo de lo vivido por Jesús y la Eucaristía tampoco lo es. Los cristianos celebramos un “memorial” a Jesús que sigue presente en medio de nosotros y hace actualidad su propia pascua en nuestras vidas.

Los altares de hoy no están hechos para recordarnos, para sorprendernos, ni para encantarnos con hermosos arreglos florales, majestuosos montajes y efectos especiales de luces. Los altares de hoy son un lugar sagrado y sobrio que nos debe invitar a la oración y contemplación de Jesús que pasa la noche preso para iniciar el camino del Calvario. Es la Reserva Eucarística la que será expuesta, pues la liturgia indica que no se consagrará más hostias sobre altar hasta la Vigilia Pascual, sábado en la noche.

Así debemos llamar a este altar: Altar de la Reserva Eucarística y aprovechar de esta manera la noche para encontrarnos con Jesús y adorarlo vivo realmente en la Eucaristía.   


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