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Monseñor Víctor Tamayo Betancourt, Humilde y fiel obrero de la Viña del Señor

Sábado, 20 de Diciembre, 2014

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Tamayito, como cariñosamente le dicen en todo el Atlántico, nació un 20 de julio de 1937, en la vereda Llanadas, en una hermosa finca llamada Las Margaritas, situada entre los municipios de Anorí y Yarumal en el Departamento de Antioquia.  Era una vereda hermosa rodeada de verdes y aromáticas montañas, en donde el trinar de las aves, el trote de los caballos y sus aguas cristalinas, hacían que sus habitantes se sintieran como en el Paraíso Terrenal.

Una infancia en contacto con la naturaleza

Tamayito y como poéticamente lo dice el himno antioqueño, vivió  “libre como el viento”, en medio de las montañas, las vacas y los caballos. Vivía con sus padres y sus 15 hermanos, quienes fueron formados bajo los esquemas sociales y religiosos de la época, rosario diario, misa dominical y santificación de todas las fiestas de guardar.

Lindas navidades.

Para la Navidad se empezaban a preparar desde el mes de junio cuando seleccionaban el mejor cerdito que debía ser cuidado con muy buena alimentación, para que cuando llegará el 24 de diciembre, estuviera gordito y carnudo, porque ese día tan especial, la familia con todos sus descendientes se reunían para celebrar el nacimiento de Jesús con novena, pesebre, villancicos, misa de media noche, natilla, buñuelos.

Su señor Padre, todo un líder en la vereda

Don Juan Crisóstomo, su padre, es un campesino realmente dedicado todo el tiempo a la ganadería y un líder indiscutible. En toda la zona era muy conocido, de su casa nadie salía vació cuando iba a solicitar alguna ayuda por razones económicas; siempre en la olla del almuerzo o la cena, su señora Madre, una matrona generosa y desprendida, echaba dos o tres raciones más por si alguien de la vereda llegaba con hambre.

La familia se traslada.

Cuando tenía seis años, por voluntad de su padre, Juan Crisóstomo Tamayo, el niño es llevado a otro corregimiento igualmente lindo, también con vacas y caballos, árboles de toda especie, y un clima amañador, se llamaba Villa Fátima.

Su Hogar, es la casa de los Sacerdotes.

Su casa en Las Margaritas  es prácticamente la casa donde se alojan todos los sacerdotes que llegan a la vereda o pasan por allí. La casa de los Tamayos es como una sucursal de las casas curales. Para esta familia los sacerdotes son sagrados y consideran que hay que atenderlos como se merecen, cada miembro de la familia cuando llega un sacerdote siempre está al cuidado de que no le falte nada. No solamente llegó a ser una especie de casa cural sino que también era la capilla de la vereda. Los corredores de la enorme casona eran habilitados para celebrar la Eucaristía cuando cualquier sacerdote pasaba por la vereda;

Una Vocación desde el hogar

Es entonces todo un ambiente clerical en el que le toca vivir y luego cuando va a Yarumal, se encuentra con Monseñor Francisco Gallego Pérez quien conociendo perfectamente a toda su familia, y habiendo conocido la espiritualidad del niño Víctor, y quien ya pertenece a la cruzada eucarística, lo nombra como su acólito. Ser acólito en ese momento es como entrar ahora a un círculo vocacional.

La primaria la estudio en una escuela fundada por su Padre

Viendo la necesidad de una escuelita para los niños, Don Juan Crisóstomo fundó una en donde estudió Tamayito, sus hermanos, y por supuesto, los niños de la vereda. Mantenimiento, administración y maestra, todo lo pagaba Don Juan Crisóstomo de su propio bolsillo. Por tanta generosidad, y sin hacer campañas políticas, siempre lo elegían como concejal  del pueblito vecino. (se dice que la maestra contratada para la escuelita, enseñó tantas, y tantas cosas, y fue tan buena, que al final se casó con uno de los hermanos de Tamayito).

Ingresa al Seminario Menor de Santa Rosa

Monseñor Gallego Pérez inicia con todos esos niños, que para ayudar en el altar, los vestían de sotana roja y roquete blanco, un trabajo pastoral con el fin de descubrir su vocación y encaminarlos hacía el sacerdocio, por eso muy pronto ya hay evidencias de sobra en el sentido de que el niño Víctor no quiere ser un campesino ganadero de la región, él quiere ser sacerdote, y entonces es matriculado en el Seminario Menor de Santa Rosa.

Su padre, contacta a Monseñor Gallego Pérez

Le fue muy bien en el Seminario menor sacó excelentes notas,  su padre y su señora madre  que lo conocen y saben que hijo es el que tiene, y el párroco del pueblo, no dudan un minuto y se ponen en contacto con Monseñor Francisco Gallego Pérez quien era el Obispo de Barranquilla para que lo reciba en su Seminario.

Su llegada a Barranquilla. 

En efecto el joven Tamayo llega a Barranquilla, maleta en mano, y la ruana al hombro, en el mes de enero de 1958 y se encuentra con su Obispo amigo, el mismo que lo nombró acolito en Yarumal y le ayudó a descubrir su vocación. Dios tenía trazado este camino, por eso de inmediato ingresa al seminario que para la época estaba dirigido por los padres Salesianos.

Desde el Seminario ya es un líder

El aspirante al sacerdocio comienza su preparación y en poco tiempo se va perfilando como un líder, no se queda quieto en ningún momento, está listo siempre para liderar trabajos o actividades. Alguna vez en el mes de mayo los Salesianos prepararon una obra de teatro  y dentro de la utilería se requería de algunas escopetas, nadie sabía donde encontrar en la ciudad siquiera una de estas armas que se utilizan para la caza de animales, y Tamayito de inmediato se ofreció para buscarlas; recorrió parte de Ciudad Jardín y no tardó una hora en llegar con 5 escopetas al hombro.  Abre huecos en donde no hay que abrir para luego él mismo taparlos; derriba paredes, puertas y ventanas para darse el gusto de remodelarlas y volverlas a instalar, y hasta construye en el patio central del Seminario un monumento a María Auxiliadora vaciado en granito piedra y cemento, tan fuerte que ni el tiempo pudo derribarlo, allí estuvo la obra hasta el año 2010 cuando desapareció para darle paso a la remodelación del edificio que fue acondicionado para las oficinas de la Curia.

Su liderazgo, crea diversas opiniones.

Un seminarista con estas características, crea diversas reacciones, sus superiores ven en el futuro sacerdote unas cualidades poco comunes, otros lo ven como el auténtico líder a quien deben unirse y respetar, pero también, algunos de sus compañeros, le ven más vocación de albañil que de cura. Los designios de Dios siempre son indescifrables para los hombres, ya que al final, esa “vocación de albañil” de Tamayito, le sirvió para que una vez ordenado sacerdote, pudiera construir en la parte material, media Arquidiócesis de Barranquilla.

Su Ordenación Sacerdotal.

El 20 de diciembre de 1964, en solemne ceremonia presidida por Monseñor Germán Villa Gaviria en la Capilla del Seminario San Luís Beltrán recibe la ordenación sacerdotal en compañía de Javier Medina Franco, Roberto Ariel Ávila Velandia q.e.p.d. y Miguel álzate hoy retirado del sacerdocio.

Recorrido Ministerial. 

Una vez ordenado sacerdote, es nombrado como vicario cooperador del padre Fidel García en la Parroquia de San Clemente, pero al poco tiempo, el Padre García se fue de vacaciones y jamás regresó, como Tamayito estaba tan recién ordenado, las normas eclesiales de la época no permitían que lo nombraran párroco, pero Monseñor Villa lo nombró como administrador parroquial hasta el año 1968.  

Construye la primer Iglesia.

Cuando sale de San Clemente, pasa a Nuestra señora de Fátima como primer  párroco, y termina la construcción de la Iglesia que ya había comenzado a construir, desde San Clemente.  Es la primera Iglesia que construye. Pero desde allí también está empezando la construcción de la Iglesia de San Pio X en el barrio el Bosque.

Se traslada a los Barrios del Sur.

Para el año 1970 llegaban a Barranquilla unos sacerdotes españoles, Monseñor Villa sin saber en dónde acomodarlos, llamó a Tamayito que desde ya solucionaba todo en la Arquidiócesis. La solución fue rápida: “Vea Monseñor yo tengo ya construida la Iglesia de Fátima, y me puedo ir para el Bosque a terminar la iglesia de ese sector y mande los padrecitos españoles para Fátima.” Monseñor Villa acepto  y lo nombra párroco en el barrio el Bosque, en donde ya tiene construida parte  de su Iglesia, y una modesta  casita sin luz, ni agua, ni alcantarillado. Va a vivir en igualdad de condiciones de cualquier familia del sector.  En estas condiciones y con el barro en el cuello, inicia su labor pastoral y desde allí comienza la construcción de una serie de iglesias.

Su historia en la Catedral.

En el año 1972, llega a la naciente Catedral como vicario cooperador de Monseñor Carlos  José Ruiseco, quien le asigna como misión, encargarse de las obras materiales de la difícil construcción que ya se encuentran avanzadas; el padre Tamayo empieza su trabajo, vinculando a industriales, comerciantes, colonias y todo el que se le parara por delante, era una obra majestuosa que requería de muchos millones, para su terminación.

Conforma un grupo musical para dar serenatas

Las misas eran animadas por un grupo de mujeres jóvenes quienes con guitarras y otros instrumentos lo hacían muy bien, Tamayito les propone que incorporen a su repertorio canciones románticas, y con este grupo comienza a dar serenatas por las noches y a la madrugada a personajes de la ciudad, sobre todo aquellos que cumplían años; Tamayo los sorprendía con la serenata y les dejaba una tarjetica por debajo de la puerta en donde los invitaba a colaborar con la construcción de la Catedral.

La respuesta fue generosa.

La monumental Catedral cuyos planos fueron cambiados en varias ocasiones y cuyo primer párroco fue el Padre Jorge Becerra Jiménez, q.e.p.d. fue construida en varias etapas y al padre Tamayo le correspondió la última y más difícil de estas etapas. Fue un trabajo duro, de mucha dedicación y esfuerzo, cientos de personas colaboraron con dinero, materiales, asesoría técnica y obra de mano. Para el Padre Tamayo, este fue un regalo especial de Dios: el haberle permitido terminar la construcción de una Catedral, Muy pocos en el mundo tienen este privilegio, pues no todos los días se construyen catedrales.

Por fin: La Catedral esta lista.

Para mitad de año de 1982, la moderna Catedral María Reina de la Ciudad de Barranquilla, ya se encuentra lista para su inauguración solemne. Era el 22 de agosto, celebración de María Reina, celebración de 50 años de vida eclesial de la Arquidiócesis y 25 años de vida Episcopal de Monseñor Germán Villa Gaviria q.e.p.d. A la inauguración asistieron 45 obispos, no menos de 400 sacerdotes, y la moderna Catedral llena de fieles venidos de todo el Atlántico.

Promotor y organizador de la visita de S.S Juan Pablo II a Barranquilla.

Un año antes del anuncio sobre la visita de S.S. Juan Pablo II a Colombia, Barranquilla no figuraba entre las ciudades que visitaría el Papa. El padre Tamayo conversó con el Señor Nuncio Apostólico y le propuso que  como un homenaje a Monseñor Villa que ese mismo año se retiraría por razones de edad, se hiciera todo lo posible para que el Papa estuviera en Barranquilla así fuera unas pocas horas, el Nuncio escuchó atentamente, pero parece que del Vaticano dijeron que Barranquilla no tenía nada en especial  para que el Papa la visitará.

Tamayo viaja a Bogotá y se entrevista con el Presidente.

Cuando Monseñor Villa supo el comentario de Roma, le dijo a Tamayito: “viaje urgentemente a Bogotá, entreviste con el doctor  Belisario Betancourt, o con el que tenga que hablar, pero el Papa deberá llegar a Barranquilla y aquí pagamos todo”.  El Padre Tamayo con sotana negra y zapatos bien lustrados, se dirigió al Presidente Belisario Betancourt;  este muy amablemente con acento paisa lo trata de primo por su mismo apellido y la cercanía con su familia. Y le dice: “Tranquilo primo, yo me encargo de todo, para algo debe servir ser presidente” Lo cierto es que el asunto quedó arreglado,  y se incluyó a Barranquilla en el recorrido que el Papa haría por Colombia,

Un trabajo a marchas forzadas.

Quedaba un poco menos de un año para organizar tan magno acontecimiento, debía de construirse un sitio para albergar no menos de 100 mil personas;  Tamayito corría día y noche, y en compañía del Gobernador de la época Doctor Fuad Char Abdala, lograron comprar todas las propiedades situadas en los terrenos frente a la Catedral en donde se construyó la plaza de la Paz, y el parqueadero de la Catedral que sirvió de Helipuerto para la llegada y salida del Pontífice.

Toda una odisea la Instalación del Cristo.

La Catedral había que acondicionarla, hacerle algunos arreglos, tenerla como una tacita de plata para la visita del Papa, Igualmente sería la ocasión ideal para instalar el gigante Cristo de la liberación, con un peso de 15 toneladas. No fue tan fácil, los obreros trabajaban jornadas extenuantes animados por Tamayo quien los estimulaba con panes, gaseosa y buenos almuerzos.  Un problema grande enfrentaban;  nadie sabía cómo era que debía instalarse, el Cristo, gigantescas grúas entraron a la Catedral para tal fin, arquitectos, ingenieros y maestros de albañilería discutían, varias veces intentaron instalarlo de una u otra manera, pero siempre quedaba mal, no encajaba como debía ser.  Al final localizaron al maestro Rodrigo Arenas Betancourt que estaba en México, este mando unos planos y Tamayo con unos arquitectos amigos desenredaron el asunto y finalmente el Cristo quedó en su puesto.

Anécdotas de la Visita.

Muchos son los recuerdos que guarda  Monseñor Tamayo de este acontecimiento, ocurrido en el año 1986, único en la Historia de Barranquilla, y de muy remota repetición: la primera de esas anécdotas: Al balcón de la Catedral desde donde se dirigió el Papa a la feligresía, subió el Presidente Belisario Betancourt, el Cardenal acompañante del Pontífice, llama a Tamayo y con voz fuerte y de mando le dice: “Vea padrecito Usted no sabe que el presidente por razones de protocolo no puede estar en el balcón con el Papa? Tamayo recuerda en ese momento que el es militar de la base naval, se olvida que es cura, firme y con voz de mando, le contesta al Cardenal: “Vea su Excelencia yo de protocolos no sé nada, tampoco subí al presidenta al balcón, pero si cree que es tan fácil bajarlo. Hágalo usted mismo, si quiere yo le presto 5 infantes de la marina para que le quede más fácil”. El Cardenal lo miro y le dijo: “Amen padrecito, si algún día va a Roma, haya nos vemos.  (Monseñor Tamayo ha viajado varias veces y no lo ha visto)

Monseñor Villa y las carajadas del Papa

Cuando ya salía el Papa del País, y subiendo al helicóptero, a Monseñor Villa sele enredo la sotana y quedo aprisionado en una de las escaleras del Aparato y luchaba por sacar su pie, Tamayo miraba desesperado, pero en el momento se dio cuenta que el Papa y el Cardenal miraban la escena y se reían, Tamayo también empezó a reír, y es cuando Monseñor Villa al ver que se están riendo les dice: “Vea en lugar de reírse Empuje carajo”

A descansar se dijo.

Cuando el helicóptero papal  se elevó del  improvisado helipuerto de la Catedral, El padre Tamayo volvió a respirar normal, sintió un alivió grande, le dio gracias a Dios y dijo a los más allegados a la Catedral: “A partir de este momento no estoy para nadie, desconecten mi teléfono, ustedes no saben dónde estoy, voy a dormir por lo menos tres días. Al día siguiente, se levantó más temprano que lo normal. Nació para mantenerse en continua actividad.

Regresa a los Barrios del Sur

Con la satisfacción de haber construido la Catedral, y ser el promotor y organizador de la visita a Barranquilla de S.S. Juan Pablo II,   el 31 de diciembre de 1987 luego de haber celebrado la misa de fin de año, a la 1:00 de la mañana  empaca maletas y a esa hora, se traslada a la ciudadela 20 de Julio. (Año nuevo, vida nueva, nuevas actividades).  Allí aterriza en un pequeño cuarto cedido por el Club de Leones, es incómodo, con servicios deficientes, pero el buen Tamayo que acaba de renunciar a las comodidades de la Catedral, hace de ese lugar un sitio acogedor. En menos de 10 días, su amigo el Ingeniero Alfredo Tcherassi, le ofrece en donación una pequeña casa en el Barrio los Robles, Tamayo se traslada, y desde allí,    construye la Santa Cruz, San Pancracio, el divino Niño, Rosa Mística y otras más.

Invasor Sagrado,

Cuentan los habitantes del sur de Barranquilla, quienes en su mayoría llevados por la pobreza, y el deseo de sacar a sus hijos adelante, debieron invadir los terrenos en donde hoy tienen sus casitas, que el Padre Tamayo , cariñosamente los regañaba y les decía que las cosas y los terrenos tienen su dueño, y cundo este aparezca, deberán resarcir el daño hecho, les daba la bendición para que nadie los sacara, y les pedía que le dejaran un terrenito de los invadidos, para el construir una Iglesia, con la condición, de que cuando el dueño apareciera, el ayudaría para arreglar la situación. Lo cierto y misterioso de esta invasiones, es que al final,  estos predios con el tiempo fueron legalizados.  (¿Sería Dios quien hizo el milagrito?)

Un Año Sabático

Luego de 34  años moviendo corazones y tocando puertas en Empresas, amigos  e instituciones, decide dejar descansar un poco a sus benefactores, y es cuando en el  año 1996, aprovechando unos pesitos que le pagaron en la Armada Nacional en donde fue Capellán se marchó para Roma a un año sabático, se hospedó en la casa San Calixto de la comunidad Salesiana, conoció los pueblos de Italia, algunos países vecinos, realizó cursos de capacitación,  y muy temprano todos los miércoles estaba en la plaza de San Pedro para escuchar las palabras del  papa y recibir su bendición.

Construye la Iglesia del Inmaculado Corazón de María.

A su Llegada de Roma Año de 1997, ya Monseñor Torres lo había nombrado para que construyera  este templo, de inmediato con mucha obediencia, como siempre en su servicio ministerial,  asumió como párroco y  en año y medio,  con la ayuda de la feligresía y muchos de sus amigos, el templo y complejo parroquial estaban terminados.

Regresa a la Catedral, y lo Ordenan Obispo.

En el año 2003 regresa por segunda vez a la Catedral como párroco, y recibe la noticia desde Roma en donde le dicen que S.S. Juan Pablo II lo ha elevado a la dignidad de los obispos.

Un premio desde el Cielo.

El Padre Tamayo el siervo fiel y prudente dedicado a la casa del Señor y que en lo material suyo propio no tiene ni siquiera una piedra para recostar su cabeza, recibe la dignidad desde el Cielo. Dios cada día que abría su ventanita y miraba a Barranquilla, encontraba al pequeño Tamayito trabajando por su iglesia a marchas forzadas. Por eso el 12 de diciembre del 2003,  decide llamarlo para que haga parte del ministerio de los obispos.

No lo podía creer.

Tamayito, un hombre sencillo que nunca buscó está dignidad, cuando le comunican la noticia, llora copiosamente; (de hecho es un llorón),  en su cabeza no le cabe la idea de que él sea Obispo y a pesar de ser un hombre dormilón, comienza a sufrir de insomnio, le parece increíble, pero poco a poco tiene que aceptar que eso es verdad, y en profunda oración dice: “Espíritu Santo ahora sí se encartó porque ahora le va tocar mucho trabajo para orientarme para que la embarre lo menos posible, pero estoy en la disposición  a la escucha de la voz de Dios, obediente a la voz del Espíritu, para hacer lo que Él diga”.

La ceremonia de ordenación, se realizó el 24 de enero de 2004 con una asistencia de fieles sólo comparada al día que S.S. Juan Pablo II estuvo allí de visita.

Como Obispo, siguió siendo el mismo Tamayito

Luego de su consagración como Obispo, sigue siendo el mismo Tamayito, fiel a Dios y obediente a la voz de su pastor; generoso con sus compañeros sacerdotes, trabajador incansable, y de una gran sensibilidad por los pobres y marginados; así como de su casa paterna, ninguna persona necesitada salía vacía, también ahora de su oficina de Obispo, nadie sale sin su problema resuelto. Para Monseñor Tamayo, todo problema tiene solución, y él, en forma rápida y práctica, sin ningún miramiento de tipo religioso o moralista, porque para él lo primero es la parte humana; por eso  encuentra la manera de que cada impase que se presente, se pueda resolver. Así, con esta dinámica de amor, de entrega y de servicio, sigue acompañando a su Arzobispo en el pastoreo de la Arquidiócesis de Barranquilla.

Un líder indiscutible en el campo social y religioso.

Tamayito pequeño de estatura, pero con un corazón tan grande como el mar, no se contentó con construir 23 templos y  liderar el crecimiento de la arquidiócesis de Barranquilla. En la parte social, un buen día observando la forma como Vivian los habitantes de la calle que se mantenían cerca de la Catedral,  fundó a Uclad un centro para drogadictos, con el fin de que estas personas al menos tuvieran un techo digno donde vivir y una atención profesional para su tratamiento y rehabilitación.

Centro de atención para jóvenes embarazadas

A su despacho llegó una joven mujer ex alumna del Colegio María auxiliadora, con un caso desesperante: Había quedado embarazada de su novio, el papá furioso,  la hecho de su casa y el novio se fugó. Ante semejante drama, el padre Tamayo se conectó con unas religiosas en Bogotá, las trajo a Barranquilla y fundaron el Hogar “Santa Elena”  institución especializada en dar alojamiento, acompañamiento y trato especial para jovencitas con estos problemas.

La Casa Sacerdotal

Un día encontró en el Asilo San Antonio, a un viejito en muy mal estado de salud, y viviendo en una soledad total;  preguntó quién era y le dijeron que ese viejito era un sacerdote de una diócesis cercana. Tamayito se conmovió, lo ayudó y Dios lo iluminó para que construyera una casa para los sacerdotes de la tercera edad. En poco tiempo ya tenía en marcha la casa sacerdotal en la parroquia de la Caridad del Cobre.

Escuelas, colegios y ayudas humanitarias

Con el movimiento cívico paisa ha liderado la construcción de escuelas y colegios para niños pobres, y  entrega de ayudas en dinero y especies para mucha gente necesitada. Fue el promotor y animador de “Pan y Panela, fundación que se dedica a alimentar a niños en estado de desnutrición. Igualmente es el fundador de: “Aso bosque”

El Amigo de Todos,

El don de gentes heredado de su Padre, hace que en Barranquilla la mayoría de personas dicen ser amigos íntimos de Tamayito. Es que donde quiera que este, todo el mundo lo saluda, y Tamayo responde con gestos que hacen creer que en verdad es amigo de confianza de la persona que lo está saludando. (A lo mejor ni la conoce, pero así es Tamayito) A todo el mundo atiende, a cada quien trata de resolverle el problema.

Un Don Especial para el manejo de las Relaciones Humanas.

La forma magistral como maneja las relaciones humanas, solo se entiende como un carisma que Dios le regaló. Él  prudente y sabiamente canaliza esta virtud, invitando a Industriales, comerciantes, al sector bancario, al gobierno, a los políticos a todos los que puedan contribuir para obras buenas como todo lo que ha realizado. Sería interminable entonces, mencionar  con nombre propio esas miles de personas que han ayudado y acolitado las obras de  Monseñor Tamayo. Dios los tiene inscritos en el libro de oro de sus elegidos.

Agradecido con Dios, por tan alto ministerio

Al cumplir 50 años de vida sacerdotal, Monseñor alaba y bendice al Señor, por haberlo escogido para servir a la Iglesia y a las personas que abrumadas por sus problemas han acudido en su ayuda. Da gracias infinitas al Señor por haberlo llamado al sacerdocio y haber podido ser un siervo fiel y prudente que siempre ha obedecido la voz de su Señor. A su edad, sigue firme trabajando. Dos veces ha pedido al Papa que lo releve de su cargo por razones de edad, pero desde el Vaticano saben que así le acepten la renuncia, él seguirá sirviendo en su retiro, por eso hasta la fecha él sigue como Obispo Auxiliar en Barranquilla, porque aquí llegó, aquí se quedó y aquí vivirá sus últimos días, hasta que Dios lo llame a su santa morada en donde recibirá el verdadero premio del Señor.

 

 

 

 


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