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Javier Eudes Medina Franco, un testimonio sacerdotal de 50 años

Sábado, 20 de Diciembre, 2014

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Nació en Yarumal (Antioquia) el 30 de enero de 1939, proveniente de una tradicional familia campesina integrada por 13 hijos. Su niñez la vive en la finca El Rocío, situada en los hermosos llanos de Quibá, entre los municipios de Santa Rosa y Yarumal. Allí da los primeros pasos para el sacerdocio sirviendo como monaguillo de la parroquia  al lado de su párroco el Padre Froilán Yepes.

El Obispo de Barranquilla, visita a Yarumal.

Monseñor Francisco Gallego Pérez llega al Municipio de Yarumal con motivo de unas ordenaciones de misioneros. El Obispo visita las escuelas cristianas en donde el joven Javier hace su primer año de Bachillerato, hace toda una motivación e invita a los jóvenes, que quieran y tengan vocación al sacerdocio, para que viajen a Barranquilla, tierra en donde se requieren muchos seminaristas y, de hecho, muchos sacerdotes.

20  Jóvenes emprenden viaje a Barranquilla.

 20 jóvenes de las escuelas cristianas de Yarumal, entre ellos Javier Medina, se entusiasman con las conmovedoras palabras del Pastor de Barranquilla que ya había sido párroco del pueblo, y por este parentesco tan cercano, ellos consideran que deben atender el llamado, viajar de inmediato e ingresar al claustro para hacerse sacerdotes.

Los cachacos llegan con muchas ilusiones.

Son 20 jóvenes bien gorditos, con muy buena salud, de caras rosaditas y muy apegados a sus padres, provenientes de clima frío como el de Yarumal que llegan el 11 de febrero de 1954 unos con ruana y otros con saco azul de paño inglés, y con unas maletas llenas de ilusiones, devocionarios, camándulas, estampitas y hasta sotanas y roquetes. Ellos creen poder adaptarse con facilidad a la ardiente temperatura de Barranquilla.

Muchos son los llamados, pocos los escogidos.

Su entusiasmo dura muy poco. Sudan copiosamente mañana, tarde y noche, extrañan la alimentación, lloran la ausencia de sus padres y demás familiares, sienten nostalgia de sus montañas y por eso, 19 de ellos, luego de conocer el mar, bañarse en él, y comer mojarra con bollo de yuca, se van de regreso; vuelven a ordeñar vacas, arriar terneros y a trabajar la tierra, a excepción de Javier Medina y Jaime Madrigal, este último, ingresó a la comunidad Franciscana y allí se hizo Sacerdote.

Javier ingresa al Seminario

Del grupo, sólo queda en Barranquilla  Javier Medina Franco quien ingresa a segundo Bachillerato en el Seminario San Luis Beltrán y, allí firme, seguro y sin ningún contratiempo, continuará cursando los estudios de filosofía y teología hasta recibir el sacramento del  orden sacerdotal el 20 de diciembre de 1964.

Recorrido ministerial

Una vez ordenado Sacerdote, y después de haber disfrutado de unas cortas vacaciones en Medellín, el 20 de enero de 1965 Monseñor Germán Villa Gaviria lo nombra como vicario cooperador de la parroquia de Santa Ana de Baranoa al lado del Padre Luis Vargas Ripoll. Más adelante es nombrado como vicario ecónomo de Sabanagrande.

Comienza su ministerio como Párroco, en Manatí.

En  el año 1966, llega a Manatí, que no tiene agua ni luz, es una experiencia maravillosa llena de muchas anécdotas: Su primera Semana Santa la celebró acompañando la tristeza del pueblo por el asesinato de dos personas, tragedia ocurrida el miércoles santo;  en la mañana del jueves enterró los muertos y por la tarde en la solemne eucaristía de la cena del señor, los feligreses lloraban la muerte de sus amigos, y más bien parecía una misa de difuntos.

Un Viacrucis poco común.

el viernes Santo la procesión del Santo Viacrucis salió solemnemente por las calles del pueblo, pero cuando llegaban a la quinta estación, apareció el carro tanque con agua, líquido que no llegaba al pueblo desde hace quince días, el padre también necesitaba el agua, entonces le dijo a la feligresía: “dejemos los santicos aquí, vamos por el agua y ahora regresaremos a continuar con la procesión”.

Eran tiempos muy difíciles.

El trabajo pastoral para los sacerdotes de hace 50 años, era una misión para héroes, sin agua, sin luz, sin vías de comunicación, sin recursos económicos, por eso la mayoría tenían que trabajar como maestros en las pocas escuelas o colegios que existían, para ellos poder sobrevivir. Por esos designios de Dios, en el año 1967 cuando llegaron estos servicios a Manatí, ese mismo día el padre Medina fue trasladado a Santa Rita de Casia en Sabanagrande.

En Sabanagrande, le fue muy bien.

Sabanagrande siempre ha sido un municipio de mucha tradición religiosa, sus habitantes reciben a sus pastores con cariño y les brindan toda su acogida y colaboración. El padre Javier pronto se sintió como en su casa, realizó grandes obras, guio con sabiduría su rebaño, y se ganó el cariño de todos. Cuando lo trasladaron, sintió un duro golpe en su alma.

De Sabanagrande, nuevamente a Manatí.

En Sabanagrande cumplió una gran labor, y dejó grandes huellas como sacerdote ejemplar y amigo de todos, pero en el año 1972, es trasladado nuevamente a Manatí.

Regresa a Barranquilla.

Después de tantos años en los pueblos con todas las incomodidades de la época caminando largas jornadas amasando barro, y bajo el calcinante sol para llegar a las distintas veredas,  en enero de 1975 es nombrado párroco  de San Clemente Romano. En el año 1985, es el primer párroco diocesano de la parroquia de San Luís Beltrán, en donde dio comienzo al camino Neucatecumenal.

13 años como párroco de Torcoroma.

En el año 1988 va a la Parroquia de Nuestra Señora de las Gracias de Torcoroma y allí permanece por 13 años, en donde siguió creciendo el camino Neucatecumenal y dejo obras tanto en lo espiritual como en la parte material del templo y su complejo parroquial.

De Torcoroma a Sabanalarga.

En el año 2000 Monseñor Rubén Salazar lo traslada a Sabanalarga, en donde revivió el fervor popular con las famosas semanas santas, y estableció unas relaciones extraordinarias con la feligresía. Para el año 2003, es trasladado a la Parroquia de Santa Marta en el Barrio Simón Bolívar, y en la actualidad se encuentra en la Parroquia de la Santísima Trinidad, Muy feliz de contar con una comunidad de fe muy madura,

Otros ministerios.

Siempre ha sido un sacerdote dinámico, muy pastoralista y bien preparado; en tres ocasiones viajó a México a recibir formación misionera, dirigida por la Universidad Gregoriana, y ha sido vicario de pastoral y vicario de finanzas.

Responsable de los ministerios laicales.

Mientras ejerció como vicario de pastoral, recibió de manos de Monseñor Carlos José Ruiseco un grupo de laicos comprometidos que se preparaban, teológica y doctrinalmente para ser instituidos como ministros laicos. El continuo el proceso, lo llevó adelante, y puso en marcha, los ministerios laicales, hoy en el olvido, muertos, y sin posibilidades de resucitar.

Noble amigo y excelente guía espiritual.

Es un sacerdote sencillo, excelente confesor, amigable,  noble de corazón, dedicado a su ministerio y sirviendo con amor a toda persona que a El llega sin distinción de raza, color o estrato social. Es poco amigo de las fiestas y de los homenajes, los agradece de todo corazón, pero prefiere celebrar las fechas importantes de trascendencia  para su vida, en el silencio  de los retiros espirituales y en la intimidad con Dios.


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